lunes, 2 de mayo de 2011

Reyes a sangre y fuego

Reyes a sangre y fuego
Si no fuera porque en su pasado no hay tormentas, ni océanos, ni timones que recordar, no cabría duda de que George R. R. Martin (Nueva Jersey, 1948) es un lobo de mar. Probablemente, su barba blanca, su gorra azul de capitán de barco, su fisonomía y su acentuada cordialidad tengan que ver con esa impresión. Pero este estadounidense es un hombre de tierra, pegado al suelo, aunque los 40 minutos que transcurren entre el principio y el final de la entrevista en el hotel Langham de Pasadena, cerca de Los Ángeles, se llenan de fábulas, de personajes (reales o de ficción), de lugares que están al alcance de la mano o que ni siquiera existen.

Martin, de 63 años y recién casado, ha vendido en la última década más de siete millones de ejemplares de su célebre saga literaria, Juego de tronos, que transcurre en una de esas épocas oscuras que algunos identificarán con la Edad Media. Es una historia que cuenta la vida de los Lannister y los Stark, dos familias condenadas a odiarse durante siglos.

La cadena HBO se ha propuesto demostrar que no hay nada inadaptable y se ha puesto las pilas para llevar a la televisión el particular medievo de Martin. Cuando el autor empezó a escribir la saga pensó que sus mejores años quedaban ya a sus espaldas, y a lo mejor por eso, porque el dinero y la fama lo abrazaron con la perspectiva que otorga la experiencia, Martin no ha engrosado la lista de estrellas poseídas por su ego. En cambio, este amante de los cómics, la fantasía y la ciencia-ficción desde la cuna es un tipo afable y con una oratoria exquisita: "La televisión está llena de series de abogados, médicos y sitcoms, pero, en cambio, la fantasía es algo que por mucho tiempo ha quedado restringido al ámbito de los libros. Cuando algo así llega a la televisión se encuentra con un montón de fans hambrientos".

David Benioff, guionista y productor ejecutivo de la serie, opina al respecto: "George está siendo muy modesto, porque creo que no es que la gente esté obsesionada con el género, sino que están obsesionados con él, con el mundo que ha creado. Le pongo un ejemplo: hace unas semanas estuve en una boda, conocí a alguien y le dije que estaba trabajando en la serie. Unos días después recibí un correo electrónico en el que este hombre me decía lo entusiasmado que estaba por haberme conocido. El fan resultó ser el decano de Stanford. Los libros de George generan adicción, por la complejidad de su planteamiento y porque todos esos personajes, a pesar de habitar en un mundo de fantasía, piensan y sienten como seres humanos...".

TONI GARCÍA | ELPAIS.com

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