viernes, 6 de abril de 2012

Larga vida a la lucha por el trono

Larga vida a la lucha por el trono
Juego de Tronos ya ha cobrado vida propia fuera de los libros de George R.R. Martin. Es lo primero que se me pasa por la cabeza al terminar la proyección del primer episodio de la segunda temporada. Llevar tantas historias y personajes a temporadas de diez capítulos de casi una hora cada uno suena imposible, pero la HBO lo está bordando. Es una adaptación, no una recreación. Lo que es una bendición para los que ya hemos devorado los libros estos últimos años y podemos disfrutar de nuevo con las historias e intrigas de los Siete reinos. Con las venganzas y las vueltas de tuerca entre personajes grises, cuya maldad o bondad aparente puede resultar siendo una noble cruzada o la simple constatación de que el poder lo mueve todo.

La segunda temporada empieza al altísimo nivel del final de la primera. Y con el punto a favor de que aunque se introducen personajes nuevos (algunos tan protagonistas como los que ya conocíamos), lo básico ya viene explicado y medio masticado de la primera temporada. No hay tiempo que perder. Este primer capítulo enlaza con ritmo todas las tramas principales de la temporada: Robb, el hijo de Eddard Stark es el rey en el Norte. Pero,pese a tres victorias contra los Lannister y tener al Matarreyes cautivo, hay dudas entre sus líneas. En la capital el insoportable rey-niño Joffrey (un Jack Gleeson aún más convincente que en la primera temporada) tiene que lidiar con su tío Tyrion (alma de la serie y los libros, sin duda) y su madre, Cersei (como comentan Navarro y López Iturriaga, inmensa la escena del enfrentamiento verbal junto al trono). En el norte, Jon Nieve y la Guardia de la Noche se adentran más allá del muro para investigar la misteriosa amenaza que llega de aquellas tierras. Y en la isla de Rocadragón, Stannis, el hermano del fallecido monarca Robert Baratheon, se prepara para exigir su ascenso al trono con la ayuda de la sacerdotisa roja Melisandre (ambos en la imagen de arriba)...

Excelente producción de nuevo. La HBO, consciente de que la serie ha llegado más lejos de lo esperado y a una gama de espectadores más amplia de la prevista, no ha escatimado en nada: Los escenarios naturales de Croacia (Desembarco del Rey), Malta, Irlanda (Invernalia) e Islandia (El muro y alrededores) se agradecen enormemente. El diseño artístico es impecable y los guiones (bajo la supervisión del autor de las novelas) se ajustan cada vez mejor el espíritu de la saga. Pero esta es una historia de personajes, de diálogos, y la excelente calidad de los mismos es lo que puede hacer que al finalizar esta nueva temporada podamos ya hablar de una de las mejores series de la historia. Un reto posible de lograr si el trabajo sigue siendo tan cuidado. Y por poner algún pero, las caracterizaciones de Melisandre y Ser Davos, el caballero de la Cebolla (dos personajes nuevos en Rocadragón), se me han quedado lejos de lo que imaginé en su momento con la novela en la mano. A la primera la imaginé más inquietante. Al segundo, más pirata, más desharrapado. Pero solo han salido unos minutos, hay que darles tiempo. Detalles menores. Larga vida a la lucha por el trono, y a la lucha entre el hielo y el fuego que se adivina de fondo...

Por Álvaro P. Ruiz de Elvira | ELPAIS.com

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