viernes, 6 de abril de 2012

Un juego todavía más trepidante e impactante

Un juego todavía más trepidante e impactante
Me vi la primera temporada entera de Juego de Tronos la semana pasada. Creo que eso me ha permitido acudir al estreno de esta segunda de la mejor de las formas posibles: con las tramas y los personajes por completo presentes en mi memoria y con el entusiasmo intacto ante esta serie de paisajes arrebatadores, magníficos diálogos, guiones ricos en matices y un aire señorial, imponente, aún con el aspecto cotidiano (logradísimo) de sus decorados y vestuario. Como desconozco el contenido de los libros, no puedo decir si está consiguiendo mejor o peor la reproducción de las historias pero, por lo visto a través de la infalible HBO, la segunda temporada se antoja más trepidante e impactante que la primera, donde los guionistas se lo tomaron con más calma para presentar a todo el elenco de personajes principales y trazar las relaciones entre ellos.

Ahora, en cambio, la segunda temporada arranca sin medias tintas, directa a la fibra. Solo basta esa primera escena de espadas para meterse de lleno en lo que llega después y seguro que se desarrollará con más ímpetu y acción en futuras entregas. Ya en este arranque que es el primer episodio se dan momentos espectaculares, dejando entrever todo lo que nos espera: un Tyrion Lannister, el Gnomo con cabeza de político voraz y lengua afilada, cada vez más independiente y hábil en las relaciones de poder; un Joffrey Baratheon (me rindo ante la interpretación del joven Jack Gleeson que consigue convencerme de que es un ser despreciable) cada vez más lunático y tirano; una Cersei Lannister que ya empieza a percatarse del monstruo que ha criado como hijo y tendrá que lidiar con él y con el resto de sus numerosos enemigos; un Jon Nieve que poco a poco va aprendiendo el valor de lo importante y está llamado a grandes metas o una Daenerys Targaryen que ya solo muestra la mirada de una reina poderosa.

Como bien es sabido, la serie está sujeta a los libros, pero si apunta hasta su capítulo final todo lo que ya señala, creo que puede entrar en el reino de las mejores, aunque tendrá que crecer un poco más por desarrollar, más allá de la recreación fabulosa del mundo medieval fantástico, con poderosa categoría las tribulaciones del alma y los sinsabores humanos que tan magistralmente recogen las más grandes en mi opinión como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra.

Dos son las escenas que consiguieron que me revolviera en el asiento, entre el gozo y el sumo interés: el choque entre Cersei Lannister y su hijo rey, lleno de maldad, y el de la propia Cersei con Meñique, un diálogo que más bien parece un duelo de espadas y que se sentencia con la frase: "El poder es poder". Así de simple. Es lo que parece que marcará el desarrollo de esta temporada aún más que la anterior. Ha comenzado el juego, todos mueven sus fichas y caballerías, todos afilan sus armas, todos quieren el trono. Como dice sabiamente Catelyn Stark a su hijo en este primer episodio: "Ahora hay un rey en cada rincón". Pero solo hay un trono para todos los reinos y, mientras tanto, como no me he leído los libros, aguardo entre el bendito sufrimiento, la expectación enfermiza y la fabulación infinita a que algo suceda, algo se mueva definitivamente, tras el Muro, cuando llegue, de una vez por todas, el esperado invierno.

Por Fernando Navarro | ELPAIS.com

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